España ganó su segundo Mundial de fútbol el pasado 19 de julio en Nueva York. Y mientras los jugadores levantaban el trofeo en el MetLife Stadium, en los bares de toda España se servían bebidas en cantidades industriales. Y es que la venta de cerveza el día de la final, por ejemplo, creció un 102 % con respecto al mismo día de 2025. Ese dato, solo el de la cerveza en la noche de la final, resume bastante bien lo que fue el torneo para la economía doméstica en un mes tan apasionante.
Pero el gasto de los españoles durante el Mundial no se reduce a lo que se consumió delante de una pantalla. Hay otro circuito, más caro y más complicado: el de los que cogieron un avión y fueron a presenciar la segunda estrella en directo. Lo analizamos en Mega Casino.
El gran negocio de los bares
La empresa especializada en hostelería Sipos ha analizado los terminales de punto de venta de bares y restaurantes en tiempo real durante el Mundial 2026. Su informe arroja una fotografía bastante clara de lo que ocurrió, y es que la facturación de los establecimientos hosteleros creció un 12,74 % respecto al mismo período de 2025. Los pagos con tarjeta subieron todavía más, un 17,89 %, y el número de tickets aumentó un 11,46 %.
El día de la final fue el más especial. La facturación de bares y restaurantes ese domingo se disparó un 19,11 % frente al mismo día del año anterior. Los pagos con tarjeta crecieron un 25,15 %. El matiz es que el número de tickets bajó un 2,82 %, lo que indica que la gente que fue al bar ese día consumió mucho más de lo habitual por persona. Nadie pidió una caña y se fue, sino que se quedó a disfrutar del partido con varias consumiciones de por medio.
El producto estrella fue la cerveza, que encadenó un crecimiento del 14,67 % en unidades y del 36,51 % en ingresos durante todo el torneo. En la noche de la final, ese mismo dato se convirtió en algo difícil de procesar en frío, y es que las unidades de cerveza vendidas crecieron un 102,82 % y los ingresos asociados, un 137,87 % respecto al mismo día de 2025.
La oferta gastronómica siguió un patrón coherente con el ambiente, con muchas raciones para compartir. Las patatas bravas y la ensaladilla fueron los platos más pedidos. El tinto de verano, ausente de los rankings de consumo en 2025, reapareció como una de las bebidas más demandadas.
Perfiles de aficionados diferentes
En este punto, hay que diferenciar entre los diferentes perfiles de los aficionados y cómo consumen. El aficionado que va al bar, por ejemplo, consume en un entorno de gasto compartido y más desinhibido, pidiendo más rondas, añadiendo tapas y sin mirar tanto la cartera. Sin embargo, el aficionado que se queda en casa compra en el supermercado los refrescos, los aperitivos y la cena, controlando más el gasto final.
La Confederación Empresarial de Hostelería de España había estimado antes del inicio del torneo mundialista que los establecimientos con pantalla podrían aumentar su facturación hasta un 30 % en los partidos de la selección española, y que si España llegaba a la final el impacto acumulado para el sector podría superar los 130 millones de euros adicionales. Las cifras reales de Sipos, con el torneo ya cerrado, confirman que esa previsión fue conservadora en lo que respecta a la final e incluso se superaron esas estimaciones iniciales.
El mayor gasto de los que han viajado a Estados Unidos
Paralelamente al consumo doméstico, hubo otro grupo de españoles que tomó una decisión diferente: coger un avión y plantarse en Estados Unidos para vivir en directo el torneo.
Según datos de Airbnb publicados antes del torneo, los viajeros españoles que planeaban desplazarse a Norteamérica para seguir a la selección española tenían previsto visitar casi cuatro destinos distintos y pasar una media de 18 noches fuera de casa. Y este tipo de viaje suele ser de un gasto más importante.
España fue uno de los países con más solicitudes de entradas en los primeros días de venta oficial de entradas de la FIFA. Junto con Alemania, Inglaterra, Brasil, Portugal, Argentina y Colombia, los españoles estuvieron entre los mercados que más demanda registraron fuera de los países anfitriones. El partido del debut frente a Cabo Verde en Atlanta, los encuentros en Miami y los de Los Ángeles fueron los que concentraron mayor interés. Y sí, hay que contar con los españoles que viven allí o en ciudades y países más cercanos.
¿Cuánto costó ese viaje? Un análisis de AceOdds, basado en datos de más de 120.000 alojamientos y 50.000 vuelos, calculó que dos aficionados que hubieran seguido a España en todos sus partidos hasta la final habrían necesitado alrededor de 61.000 dólares estadounidenses. De esa cantidad, solo las entradas representaban unos 32.000 dólares. El resto (vuelos, alojamiento, transporte entre ciudades, alimentación) completaba el gasto total.
Pero pocos aficionados viajaron a todos los partidos. La mayoría eligió uno o dos encuentros, calculó dónde se alojaba y cuánto tenía para gastar, y tomó decisiones en función del avance de España. Las aerolíneas y agencias de viaje españolas activaron vuelos especiales adicionales cuando España se clasificó para la final, y la demanda respondió. Iberia, Vueling y varias agencias de viajes confirmaron vuelos extra hacia Nueva York en los días previos al 19 de julio, todos con un coste bastante superior a lo que puede costar el mismo vuelo en cualquier otro momento del año.
Estados Unidos esperaba una mayor afluencia
Hay un dato que no cuadra con la narrativa del Mundial como imán turístico. Y es que el gran impacto de turistas internacionales que se esperaba en las ciudades sede de Estados Unidos resultó bastante más débil de lo inicialmente previsto. La Asociación de Hoteles de Nueva York tuvo que reducir su previsión de ingresos por habitaciones de hotel relacionadas con el Mundial en un 60 %. Los motivos son varios.
Los precios de los hoteles en las ciudades sede se dispararon desde el momento en que se conocieron los calendarios, lo que llevó a muchos aficionados europeos a decantarse por alternativas más baratas como alquilar un apartamento lejos del estadio, ver los partidos desde un bar en casa o, directamente, cambiar el plan y no ir a vivir el mundial en directo.
A eso se sumaron la logística de un torneo repartido en tres países (Estados Unidos, Canadá y México) con diferentes requerimientos para el visado, la gran distancia entre sedes y el encarecimiento del transporte público en los días de partido.
El resultado fue que el Mundial más grande de la historia en términos de número de selecciones y partidos generó un impacto turístico en Estados Unidos mucho menor del esperado. El dinero del aficionado no es infinito y parece que en este tipo de eventos los organizadores y las propias ciudades se olvidan de tratar con justicia la economía de tantos amantes del deporte.
El impacto en el día a día del torneo en España
Más allá de los que viajaron y de los que se quedaron en el bar, hay una capa de gasto que el torneo generó en España y que parece pasar desapercibida. Los supermercados registraron más ventas de lo habitual en las categorías de alimentación y bebida previas a los partidos. Cerveza, refrescos, aceitunas, embutidos, frutos secos y pizzas congeladas lideraron las compras en las horas anteriores a cada encuentro de España. Las tiendas de deporte agotaron existencias de camisetas oficiales, bufandas y artículos de animación en las fases decisivas del campeonato.
El Movistar Arena de Madrid habilitó una pantalla gigante para 15.000 aficionados en la final de forma gratuita. El Madrid Río y otros espacios públicos en varias ciudades organizaron retransmisiones en abierto que concentraron a decenas de miles de personas. El Roig Arena de Valencia también abrió sus puertas para la final contra Argentina. En todos esos entornos, el gasto en hostelería cercana también se multiplicó.






