El fútbol español ha producido en lo que llevamos del siglo XXI una generación de jugadores cuya riqueza supera con creces la de otras estrellas de generaciones anteriores. La selección española acumula 2 mundiales y 3 eurocopas en los 26 años del presente siglo, y ese rendimiento en el terreno de juego se ha ido trasladando al bolsillo de los jugadores.
Cuando termina la temporada, los futbolistas ya no desaparecen del radar como antes. Las redes sociales se llenan de fotos en yates, piscinas infinitas, restaurantes de renombre y playas paradisíacas.
Instagram y las redes sociales llevan más de una década siendo el escaparate favorito del fútbol profesional. Los jugadores la usan para celebrar títulos, enseñar sus casas, firmar contratos con marcas y publicar esas fotos de entrenamiento que acaban teniendo más likes que la mayoría de las portadas de revista.
Según el estudio que realizamos en Mega Casino, antes del inicio del campeonato, el 70,3% de los aficionados españoles creía que España alcanzaría la final del Mundial, un dato que reflejaba ya entonces un fuerte clima de confianza en torno al equipo nacional.
El domingo en el MetLife Stadium no solo se juega la Copa del Mundo. En el mismo partido, con los mismos noventa minutos (o algo más), se deciden cuatro premios individuales que llevan semanas gestándose: el Balón de Oro al mejor jugador del torneo, la Bota de Oro al máximo goleador, el Guante de Oro al mejor portero y el premio al Mejor Jugador Joven.
Dieciséis años después de ganar en Sudáfrica, España vuelve a una final del mundo. Y lo hace tras una magnífica semifinal frente a Francia y con la condición de favorita.